Lecciones Aprendidas: Cómo Convertirte en la Persona que Debes Ser

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Jackie Hu/The Occidental

 

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Traducido por Caroline Palumbo ’23

Me llamo Yenni Guadalupe Gonzalez Salinas y soy hija de inmigrantes. Mientras crecía, mi madre inculcó en mí una apreciación por la educación. Antes de dejarme en la escuela, me decía: “Quiero que seas mucho mejor que yo y que continúes con tus estudios”. Así que aspiraba a ser la persona que las valientes mujeres de mi vida querían que fuera. Los sueños y metas de mi bisabuela, abuela y madre están en mis manos para llevar a cabo.

Haberme criado en el sur de Nashville, Tennessee significaba que la universidad no era una posibilidad fácilmente accesible para mí. Entonces, cuando recibí la noticia de que me habían aceptado en Occidental, llorando, abracé a mi mamá y le agradecí por todos los sacrificios que había hecho por mi educación. En ese momento, supe exactamente lo que tenía que hacer. En contra de los deseos de mi madre, conseguí un trabajo como camarera que me permitiría pagar mi educación y todo lo que conlleva. Mientras terminaba mis últimos tres meses de la escuela secundaria, manejé con éxito ser un estudiante de tiempo completo y trabajar entre 35 y 40 horas a la semana para realizar mis sueños. Fue entonces cuando recibí un correo electrónico para solicitar entrar al Instituto Multicultural de Verano, que me hubiera encantado, ya que permite a los estudiantes de primer año conocer el entorno del aula y los recursos disponibles para su transición a una institución de élite. Pero eso significaria dejar mi trabajo y pedirle a mi madre que me ayudara a pagar mi educación – no podía permitir que sacrificara nada más de lo que ya había sacrificado. En cambio, me quedé en casa y trabajé de 40 a 60 horas a la semana en el verano antes de llegar a la universidad. Antes de darme cuenta, estaba en el campus, pero el fuego interno que me impulsaba hasta ese punto había desaparecido.

La primera ola de tristeza me golpeó mirando a los padres de los demás alumnos ayudándoles a mudarse a los dormitorios. Extrañaba a mi mamá, quien tuvo que quedarse en casa mientras yo me mudé con la ayuda de un mentor. Estos sentimientos fueron exacerbados subsiguientemente, y estaba sufriendo de “síndrome impostor”. Me convencí a mi misma que no maximizaba mis oportunidades universitarias como la primera persona de mi familia en asistir. A causa de esto, trabajé día y noche, creyendo que no había estudiado suficiente, que no había participado suficiente en clase, o que no me había involucrado lo suficiente en Occidental para merecer un descanso. Con voces en mi cabeza recordándome que no merecía estar en esta escuela, interioricé la idea de que yo no era nadie en esta institución, y en ese momento de mi carrera universitaria, no tenía un mentor para convencerme de lo contrario.

La presión de tratar de no equivocarme, de llevar las aspiraciones de mi familia sobre mis hombros, y de atravesar la separación más dura con uno de mis amigos más cercanos, me hizo sentir como si hubiera pisado arenas movedizas y me estaba ahogando lentamente con las decisiones que había tomado. No tuve el coraje ni el corazón para llamar a mi madre, mi mayor apoyante, para decirle que tenía problemas en todos los aspectos posibles. Aunque la idea de abandonar los estudios cruzó por mi mente, supe que no lo podía hacer, ya que no solo habría fallado a las personas que sacrificaron todo por darme esta oportunidad, sino también a los que vendrían después de mí. Sin nadie a quien recurrir, habiendo perdido a uno de mis amigos más queridos y sintiéndome asfixiado/a/e, me aisle de todo, hasta que conocí a un Embajador de Equidad que cambió mi viaje universitario y mi perspectiva de la vida.

Este Embajador de Equidad se convirtió en el mentor, amig@ y herman@ mayor que necesitaba. Esta persona se dedicaba en crear espacios seguros y acogedores para estudiantes que no se identifican con la cultura de esta Institución Predominantemente Blanca (PWI). Se enfocaba en dar a estudiantes como yo el apoyo que necesitábamos para tener éxito en este entorno. Cada vez que había un evento de la Unión de Estudiantes Latinx, me sacaba de mi zona de confort y me animaba (corrección– me presionaba) a asistir. Tuvimos conversaciones sobre cómo Occidental fallaba continuamente a estudiantes como nosotros. Hablamos sobre cómo algunos miembros de la facultad estaban agotados con la carga de unir a los estudiantes después de tener una mala experiencia con la administración. Lloramos de frustración en las sesiones de escucha de la comunidad porque nos agotaba, informar repetidamente a los administradores de nuestras necesidades y cómo esas necesidades constantemente no fueron satisfechas. Fue la persona quien me enseñó a usar mi voz, ya que tenía la capacidad de mover océanos y montañas. Estas son algunas de las principales razones por las que he decidido continuar mi educación en Occidental. Ahora que esta persona se ido a la escuela de posgrado, creo que es mi turno de transmitir el conocimiento que me dieron.

Al conocer gente y rodearme de estudiantes que pasaron por experiencias similares, aprendí que no estaba sola. Las emociones que sentí fueron compartidas por varios estudiantes, y simplemente no se hablaban suficientemente. Comprender eso me ayudó a encontrar y usar mi voz poderosa para abogar por más recursos para los estudiantes que se identifican como personas de color, de bajos ingresos y de primera generación.

Estar en esta institución no se pone más fácil si estás solo, así que no sufras en silencio. Encuentra mentores en los que puedes confíar y que demuestren un interés autentico en tu vida, para convertirse en las personas con las que puedes hablar si estás teniendo el peor o el mejor día de tu vida. Si tienes dificultades intenta hablar con quien puedas, inlcuso yo, porque muchos de nosotros hemos pasado por lo que estás pasando y entendemos que esto es difícil. Se supone que es difícil, pero con el apoyo de personas que te aman y se preocupan por ti, se convertirá en una experiencia de aprendizaje y crecimiento. Mi madre dijo una vez: “Te vas a caer, pero tienes que volver a levantarte”. Entonces, cuando te caigas, solo debes saber que tendrás una comunidad entera esperando para aplaudirte cuando te levantes y pidas ayuda. No estás solo.